EL DESAFÍO DE SER MUJER
- gloriatolisano
- hace 20 horas
- 3 Min. de lectura
Ser mujer hoy en día es un tremendo reto. Es un desafío realizarse como persona, en su rol de mujer casada, soltera, viuda, madre, profesional, o simplemente amiga. Sin duda existen grandes obstáculos para llegar a ser la mujer que quisiera ser. La sociedad a menudo degrada a la mujer tratándola como a un objeto, confundiendo de esta manera su propósito en la vida y aún más, menospreciando su integridad como ser humano.
Toda mujer necesita conocer y poner en práctica los valores necesarios para desarrollar su propia personalidad. Aunque es difícil, es posible aprender a mantener un equilibrio entre la responsabilidad hacia sí misma, su familia, los quehaceres del hogar, las demandas del trabajo o profesión y la necesidad de cultivar sus amistades.
Pero, ¡cuidado! Es fácil dejarse atrapar por presiones tales como conservar la belleza física, o vivir según las normas establecidas por un materialismo exagerado, descuidando aspectos fundamentales de la vida como: el afecto, la honradez, el amor a sí misma y a los demás, y la confianza en Dios.
A través de este folleto queremos ayudarte a realizarte completamente como persona, para que logres entre otras cosas:
- conocer el propósito de tu vida;
- definir y vivir tus valores;
- planificar tus metas personales, sabiendo evaluar tu progreso;
- comprender y manejar correctamente tus emociones;
- conocer y desarrollar tus habilidades en beneficio de los demás y el tuyo propio;
- reconocer tus defectos y aprender a rectificar tus equivocaciones;
- desarrollar una actitud sana hacia tu sexualidad;
- desenvolverte positivamente en su relación con otras personas y con el mundo que la rodea;
- cuidar su salud;
- saber cómo enfrentar desafíos, crisis y pérdidas;
- comprender y ejercer la realidad de vivir como hija de Dios. Dios ama entrañablemente a cada mujer y desea fervientemente que encuentres el sentido de tu vida.

SER MUJER
La mujer busca nombrar y definir su identidad reinstalándose en la realidad de manera nueva, con nuevas relaciones en la sociedad y el universo.
El cuestionamiento que vienen realizando todos los feminismos respecto de la propia condición femenina ha generado una gran inquietud social y cultural, una especie de caos en el status quo. Los papeles tradicionales asignados a la mujer ya no están regulados como antes, cosa que enfrenta a las sociedades con problemas inéditos, que reclaman un enorme esfuerzo de imaginación en una etapa crítica de transformaciones. Pero al mismo tiempo se abrió un flanco muy positivo en esa situación al posibilitar instaurar un orden más humano y equitativo. La identidad femenina se fundamenta en lo que constituye la experiencia de la mujer, en la especificidad de su psiquis y de su cuerpo sexuado, en una relación recíproca con el varón y la naturaleza.
En este sentido, debemos decir que la mujer es siempre un ser necesario para el hombre y viceversa. Podemos hablar entonces de una reciprocidad fundamental entre lo masculino y lo femenino. Una relación profunda y enriquecedora. Al crear a la mujer, Dios la hizo para que fuera “compañera del hombre” y se formara un “equipo” para procrear y tomar dominio de toda la tierra y su contenido.
No se puede hablar de complementariedad como si uno de ellos estuviese incompleto. Lo que existe entre el varón y la mujer es reciprocidad. Y por esa reciprocidad y ese mirarse en el otro se llega a la plenitud masculina o femenina. Y cuanto más cada uno es él o ella misma, tanto más recíprocos podrán ser. Es en este intercambio vivencial de mutuo dar y recibir lo específico de uno y otro como maduran y van asumiendo sus propias características mujer y hombre.
Es obvio que se percibe la diferencia morfológica varón-mujer. Pero esta diferencia remite siempre a una unidad de fondo que es el ser humano.
Es imperativo que la mujer cobre conciencia de su feminidad y decida aparecer en un "lugar diferenciado". La mujer no es un hombre parcial. Hasta hoy se le ha considerado como una desviación abstracta de la categoría universal de ser humano, que no es otra cosa que una proyección del varón. En cualquier caso, a la mujer se le ha definido siempre exclusivamente en función de su relación con los hombres y de allí fluyeron todos los estereotipos femeninos.
Para superarlos será necesario definir de nuevo lo femenino, no en términos de desviación o de negación de la norma masculina, sino como forma recíproca de respuesta a la vida.
Todos, no sólo las mujeres, necesitamos entender la razón de nuestra existencia y para ello necesitamos contar con una orientación superior a nosotros mismos. Dios nos ama con acciones concretas, dándonos un propósito positivo en la vida, así como el vigor y la capacidad de caminar hacia la plenitud de nuestro potencial humano.
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